Mitos y realidades en la promoción a la lectura
Jaime García Padrino
Este artículo proviene de la conferencia magistral pronunciada en el III Encuentro de Promotores de la Lectura, celebrado en el marco de la XIX Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México, 2005)
 
Vamos a recibir al toro como se debe y a ver si la faena les gusta y les ofrece, sobre todo, motivos para la reflexión personal, que es lo más importante. Tanto hoy, en esta conferencia, como en la de mañana, lo que vamos a tratar de hacer es agitar un poco el acto de expresarse, es decir, si estamos aquí (y algunos hemos venido desde bastante lejos), es evidente que estamos convencidos de la importancia de la lectura, eso está claro, pero vamos a ver si en ese estanque maravilloso de la lectura echamos algunas piedrecillas para que las ondas que producen esas piedrecillas generen una renovación de las aguas. Ése es un poco el propósito de esta conferencia.
Por eso, tengo que comenzar con algo que es evidente: pocas actividades del aprendizaje humano han recibido y reciben tanta atención en la sociedad actual como las correspondientes al dominio y al perfeccionamiento de las habilidades lecto-escribanas, es decir, a la lectura y a la escritura. Así, nos podemos encontrar desde artículos de opinión firmados en diarios y revistas por distintas personalidades, desde el profesor especializado, hasta el escritor bien afamado. En fin, podemos encontrar numerosísimas opiniones, estudios teóricos, propuestas didácticas, investigaciones de las más diversas, y eso nos hace que hoy podamos encontrar una amplísima bibliografía, prácticamente inabarcable, en la que cualquier interesado puede encontrar referencias, informaciones más o menos valiosas, y siempre desde el punto de vista de su interés personal. Incluso, hay que recordar que este año, 2005, está declarado Año Iberoamericano del Libro y de la Lectura, aunque esto de los días y los años oficiales a mí me dan una cierta prevención. Está muy bien esto del día de la lectura, pero ¿qué pasa?, ¿que solamente hay que leer un día? Es lo mismo cuando se habla del día de la mujer trabajadora: ¿qué pasa el resto del año? No está mal como momento de concienciación y por eso bienvenido sea 2005 como año de la lectura. Pero que el año 2006 y todos los siguientes sigan recibiendo el mismo interés y la misma atención que esta efeméride que ahora estamos comentando. Es lo que les decía, no sé qué valor tiene hablar del día de la lectura. O del día "sin coches", que por lo menos en Madrid, cuando se declara que es el día sin coches, es cuando más coches hay y más atascos se producen en la gran ciudad.
Bueno, como verán, no voy a encargarme de un análisis pormenorizado de todas las opiniones que hay sobre la problemática actual de la lectura y de la escritura, me voy a centrar en tres premisas iniciales que son las que voy a mostrar. En primer lugar, vamos a pensar si eso de lo que se habla tanto, "crisis de la lectura, crisis de lectores", es realmente así. Cuando hablamos de crisis de lectura se suele echar mano de índices que ofrecen unos panoramas desorientadores, pero muchas veces se confunden esos hábitos lectores con otras cuestiones. También se habla mucho de la influencia de los medios de comunicación, ¿cuántas veces hemos oído que los niños ven tanta televisión y no leen? Eso es una cuestión que conviene poner. Aquí hay que cuestionar, no quiero sobrepasarme en expresiones. También se habla de qué va a pasar con el libro y las nuevas tecnologías, ésas son cuestiones que estamos escuchando prácticamente todos los días y, como les decía antes, tenemos que replantearnos y repensar desde nuestro personal punto de vista.
La segunda premisa en la que se va a centrar mi conferencia es el papel de la escuela. ¿La escuela es realmente la única responsable de este proceso de enseñanza y aprendizaje?, pues habrá que ver hasta qué punto llega su responsabilidad y si esa responsabilidad supone que la propia escuela tiene que exigir algo a la sociedad en general.
La tercera premisa en la que voy a centrar mi conferencia es ¿cómo se forma un lector?, ¿qué es realmente la formación de lector?, ¿qué tipo de lector es el que tenemos que buscar? Incluso, sobre este aspecto, plantear algunas cuestiones críticas de si algunos de esos mitos que hay sobre el lector todavía son reales o hay que revisarlos, yo diría que transformarlos radicalmente. Así, por ejemplo, si vamos a la bibliografía actual nos encontramos títulos, yo diría bastante utópicos, como La magia de leer, título de un ensayo reciente del profesor español José Antonio Marina. Y bien, el ensayo está bien, pero el título es un poco utópico desde mi punto de vista. Y hay obras, por ejemplo, hay un libro muy interesante que se titula Cómo mirar a la luna, confesiones a una maestra sobre la formación del lector, de un profesor de la Universidad de Canadá, Juan Mata, donde se plantea lo siguiente, y les leo lo siguiente como ejemplo de esas nuevas miradas críticas sobre lo que es la lectura, y dice así:
"¿Pero es realmente necesario que los niños y las niñas lean?, la necesidad y la urgencia de la lectura se han convertido ya en un tópico, en un lugar común del discurso educativo y hasta de la plática cotidiana".
Yo, evidentemente, creo que hasta el propio Juan Mata está por completo convencido de que es necesario que los niños lean, eso es cierto, pero la urgencia y esos planteamientos son lo que habría que cuestionar, porque la experiencia que yo tengo me indica que niños que han aprendido a leer mal en sus primeros años, al final llegan a ser magníficos lectores y, en caso contrario, niños que aprenden de una forma muy rápida a leer, al final no desarrollan los auténticos hábitos de la lectura.
Vamos a replantear, por lo tanto, algunos de estos aspectos, por ejemplo, el tema de los hábitos lectores. ¿Podemos hablar auténticamente de crisis de lectura y de crisis de lectores? No hace mucho tiempo leí, no recuerdo dónde, que a lo largo de la jornada de cualquier individuo socializado, se recurre de una forma totalmente normal en las prácticas cotidianas a las técnicas lectoras, desde que nos levantamos y vemos las instrucciones del paquete de cereales o de la caja de leche que tenemos que abrir, hasta el billete que tomamos para tomar el ómnibus o el billete del metro, la carta que nos ha llegado del banco notificando eso que siempre nos dicen los bancos, que cada vez estamos peor de dinero, las instrucciones de cualquier electrodoméstico, cualquier mensaje que nos pasen por escrito: continuamente estamos leyendo. Lo mismo pasa con los niños, con los infantes que se inician en la adquisición y dominio de estas técnicas, niños que reconocen antes, incluso, de saber leer, las etiquetas de las botellas de jugo, la botella de leche o la botella de refresco; cuando contemplan en la calle los carteles de publicidad o incluso, los más pequeños, cuando llegan al aula y van a buscar la percha con su nombre para colgar su prenda.
Es decir, solamente habría que hablar de un analfabeto en sentido estricto, en aquella persona que no ha accedido nunca a esta forma específica de aprendizaje humano. El resto de los humanos socializados recurrimos con mayor o menor frecuencia, con mayor o menor dominio, a la lectura y a la escritura, y ese nivel instrumental cotidiano seguirá siendo necesario en tanto que el hombre pueda y quiera disfrutar de las posibilidades inmensas de sus habilidades intelectuales. Pero, dado que es un producto humano, la lectura y la escritura necesitan evolucionar y adaptarse a las propias exigencias que justificaron su invención, servir como instrumento de comunicación y de conservación lingüística por encima de limitaciones espaciales y temporales. Por lo tanto, a veces, cuando hablamos de crisis de lectura, solemos asociar ese concepto con los hábitos relacionados con la literatura, con el acceso al fiel conocimiento de obras y autores clásicos y actuales, con los cambios de gustos e intereses en los lectores. Muchas veces combinamos estos elementos, estos factores, con la venta de libros o con la frecuencia del uso de las bibliotecas, y yo creo que no son cuestiones que debamos mezclar.
Otro de los mitos que debemos revisar es ese concepto de lector modelo. ¿Qué entendemos por un lector modelo? Hasta ahora era un concepto que se vinculaba a la capacidad de un individuo para gozar el acceso a las grandes obras literarias, para emocionarse y conmoverse con las cuestiones artísticas basadas en el uso de la palabra, y vinculado también con la búsqueda del contacto sensible con unos soportes, los libros, y con la capacidad para encontrar en ellos elementos para un goce sencillo. Pero es evidente que hoy están evolucionando los hábitos de lectura y escritura, y, por otra parte, no tengo el más mínimo interés por comparar si en otros momentos históricos se leía más o se leía menos que en la época actual, o si se leía mejor antes que ahora, porque creo que esas comparaciones son prácticamente imposible realizarlas. Entonces, estoy en contra de frases como: "Los jóvenes de antes leían más que ahora" o "en un ambiente urbano social más favorecer se lee más que en un ambiente rural o desfavorecedor". Todas esas cuestiones creo que las debemos desmontar y verlas en su sentido estricto, si realmente son así o no.
No niego la posibilidad de que estas afirmaciones sean ciertas, lo que les quiero decir es que no va por ahí mi interés, por ser partidario de encarar nuestra realidad desde nuestras propias circunstancias; por eso creo que debemos evitar los mitos o los tópicos y las consideraciones sociales hacia la lectura y, sobre todo, no perder de vista que la lectura y la escritura conforman un instrumento al servicio del desarrollo humano y que la propia sociedad, más que imponer o prestigiar un uso determinado, debe responder a la exigencia de crear las mejores condiciones para que cada lector o escritor, pueda aprovechar en su beneficio las inmensas posibilidades de tales técnicas en su desarrollo personal. Es inevitable, por tanto, cambiar las imágenes o esquemas acerca de lo que entendemos por lector culto y yo prefiero, en lugar de hablar de un lector culto, hablar de un lector hábil o de un lector cualificado. Entiendo por lector hábil o cualificado aquél que sabe aprovechar con la máxima eficacia las posibilidades comunicativas que nos ofrecen en la actualidad las técnicas lectoras y escribanas.
¿Será el momento ahora de empezar a hablar de un nuevo tipo de lector? A esta pregunta han surgido distintas respuestas y últimamente se está hablando de un tipo de lector nuevo; se pronostica que los niños del futuro se convertirán en un tipo de lector especial, en el que se fundirán lo técnico, lo orgánico, lo mítico, lo textual y lo político. Pues ante ese surgimiento de un lector distinto, he encontrado también interpretaciones optimistas e interpretaciones pesimistas, como todo lo que sucede cuando se habla de un cambio en la evolución de la humanidad. La interpretación optimista de esta nueva clase de lectores ve que esta persona será capaz de leer y de dominar los textos literarios, y de usar las nuevas tecnologías; es decir, será una persona capaz de disfrutar con una novela o con un poema o impreso, y de leer y de disfrutar también, al mismo tiempo de satisfacer sus necesidades informativas con los hipertextos que estamos encontrando ya, gracias a los medios tecnológicos, especialmente a la red de internet. Por el contrario, la interpretación pesimista de ese nuevo tipo de lector, lo contempla como un sujeto dominado por los medios tecnológicos, por la velocidad de internet en la difusión de informaciones, sin capacidad de discriminarlas y, sobre todo, se piensa desde ese punto de vista pesimista que no va a ser capaz de hacer cierto tipo de lectura tradicional; es decir, desde esa perspectiva negra, de ese futuro, se piensa que ese lector tendrá desarrolladas sus competencias lingüísticas y literarias básicas, pero rellenará su actividad lectora continuada con algunas tecnologías.
Como ven, ahí tenemos una polémica sobre el futuro de hacia dónde vamos con la formación de los lectores. Yo no voy a rehuir el debate y ya que he sido libre a la hora de elegir estas referencias, voy a inclinarme, evidentemente, por una visión optimista, es decir, por la primera alternativa. Creo que debemos convertir en una meta la promoción y la formación de los lectores, en conseguir un tipo de lector que sea hábil para disfrutar y dominar las posibilidades de todos los textos, desde los literarios hasta los informativos, y que al mismo tiempo domine todas las posibilidades de las nuevas tecnologías y en esas nuevas tecnologías, el saber aprovecharlas y saber sacar sus rendimientos. Tenemos el arribo de un tren que no podemos dejar pasar por nuestra estación sin subirnos a él, porque no sé cuándo volverá a pasar otro tren similar.
Al mismo tiempo, y como se cuela inevitable la explicación general de ese debate social, son muchas veces curiosísimos los tópicos, los mitos, las tendencias, las opiniones que suelen llegar, respaldados por el incuestionable prestigio social de la persona que suele emitirlos, me refiero concretamente a las campañas oficiales, a las declaraciones de los políticos cuando hablan, por ejemplo, de las campañas para la promoción de la lectura y cuando suelen presentar y justificar las normativas legales orientadas, con el más elogiable de los afanes, a promover los hábitos de lectura entre los ciudadanos a los que deben servir. Evidentemente, el político tiene que conseguir el bienestar de sus conciudadanos, para eso existen, ¿no?, pero a mí, con el tema de la lectura, me hace una cierta prevención, porque a veces se olvida que la lectura, como la formación del lector, es una aventura y una conquista personal y, en muchísimos casos, irrepetible.
Ayer me preguntaban en una pequeña mesa que tuvimos dentro de la serie El placer de la lectura, cómo eran mis tres hijos. Mis tres hijos son tres tipos diferentes de lectores y en una clase, si tenemos 25 o 30 alumnos, hay que pensar que no tenemos 30 o 25 alumnos modelo, es decir, tenemos 25 o 30 alumnos, cada uno de ellos lectores distintos, o con sus gustos distintos y todos ellos, y cada uno de ellos, tan válidos entre sí. Por tanto, no debemos desprivilegiar ningún tipo de modelo, porque todos son válidos.
Hablaba de los planes de lectura, me van a permitir una pequeña broma o digresión humorística. Ojalá fuesen planificadas las normas y campañas oficiales o gubernamentales para promover la lectura en grandes capas de la población, como lo están resultando aquellas otras, generalmente impositivas e incluso penalizadoras, ocupadas en la "noble" (lo pongo entre comillas) erradicación del hábito de fumar, incluso entre los que vienen o venimos disfrutando de algo que lejos de permitir esos excesos puede constituir un auténtico placer. Si el problema está en dominar el tabaco para sacar su disfrute y no que ese tabaco nos domine, con lo cual no lo disfrutamos. Ya saben ustedes lo de las campañas éstas que te colocan unas etiquetas terroríficas en los paquetes de tabaco amenazándote con la muerte. Ahora en nuestro país, en España, a partir del primero de enero no se va a poder fumar en ningún sitio público, los empleados van a tener que salir a la calle para fumar porque está totalmente prohibido, y no digamos si cerca de ahí hay algún niño, incluso se dice que en las bodas, en las celebraciones, no se va a poder fumar porque hay niños. Eso en España era clásico, que el padrino de la boda invitara a los caballeros un cigarro y a las señoras un cigarrillo, esa práctica, por decisión de los gobernantes, va a ser erradicada. Bueno, pues evidentemente vamos a fumar menos, nos están persiguiendo, pero eso mismo vale para la lectura, ahí es donde yo creo que está el problema.
Cuando comentaba anoche sobre las cosas que a veces se dicen en mi país -ya saben ustedes que la prensa ahora está un tanto desatada-, se decía que una de las ideas que tenían era sacar a la ministra de Cultura española leyendo un libro en un partido de futbol entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid, pero dando la espalda al campo. Si con eso se piensa que el ejemplo de la ministra va a ser que los aficionados del futbol dejen de ver el partido y vayan a coger un libro... ¡Es que hay que echar la imaginación! Porque, como yo digo, en esta vida podemos cambiar de partido político e incluso de mujer, pero de equipo de futbol no se cambia en la vida. Entonces, a veces llegamos a estos auténticos disparates.
Yo creo que hay que revisar estos tópicos de las campañas políticas y, sobre todo, recordar siempre esto, que muchos nos sentimos reconfortados cuando lo encontramos escrito, porque era algo que realmente creíamos y de pronto nos encontramos con que alguien era capaz de ponerlo por escrito y coincidimos con él, me refiero a un libro maravilloso de Daniel Pennac que se titula Como una novela, que tiene este arranque: "El verbo leer no soporta el imperativo..." No se puede obligar a nadie a leer, incluso sobre las campañas políticas de esas medidas legislativas que tratan de concienciar o de imponer el hábito de lectura, me gusta recordar esta frase del autor antes citado de mi compañero Juan Mata, de la Universidad de Canadá, que dice lo siguiente: "No sé para otros menesteres, pero para el porvenir de la lectura me parece que la eficacia de los carteles callejeros y los anuncios de los periódicos, la radio y la televisión, es más bien dudosa, pienso que la urgencia y el simplismo de la publicidad son incompatibles con el aliento de una afición que demanda serenidad. Los eslóganes no han dejado, sin embargo, de sucederse sin que los ciudadanos sean blanco de las palabras que los reclamaban para los libros. La cuestión es determinar si las instituciones públicas pueden en realidad interceder en una decisión esencialmente íntima y libre, aunque las campañas públicas a favor de la lectura se fundan en la creencia de que todas las personas sienten un irresistible deseo de acercarse a los libros y únicamente esperan una tentadora invitación para hacerlo. Los mecanismos por los que alguien llega a amar los libros son en realidad muy complejos, uno se hace lector como consecuencia de azares y determinaciones personales, pero también como resultado de largos procesos educativos".
Como ven, hay que contemplar todo esto sin apasionamiento, con una cierta visión lo más objetiva posible y en cuanto a los planes de lectura, he encontrado en internet un planteamiento de una profesora peruana que habla de tres peldaños: primero hay que procurar que la gente sepa leer, después que quiera leer, pero el tercer paso es lo importante, que tengan qué leer y que tengan dónde leer. Cada vez ése es el problema de las campañas de lectura, vamos a imaginarnos en el caso de España, que este año inició una campaña que creo que ha quedado -en el mejor de los sentidos- olvidada y perdida. Habrá algunas personas que verán en la televisión española un promocional en el que se ve un padre leyendo el periódico y una niña leyendo un libro. Esto más bien es un acto forzado y muchísimas personas no se han sentido atraídas por el libro hasta ahora, que de pronto dicen "tengo que ir a leer", "tengo que buscar libros", y lo que empiezan a buscar son bibliotecas, y entonces se dan cuenta de que no hay bibliotecas suficientes. Ése es el problema que tenemos en nuestro país, que el número -y hablo de España- de bibliotecas es realmente bajo y con lo que cuesta producir un anuncio y el paso de ese anuncio en televisión, se pueden construir unas cuantas bibliotecas. Quizá lo que pierde un poco a los planteamientos políticos es que creen en la efectividad inmediata, en lo que se llama "salir en la foto", decir que vamos a dedicar tantos miles de euros a esto, pues quizá hay que buscar una labor más sorda pero más eficaz, garantizar que las bibliotecas y los mecanismos de distribución de los libros se mejoren, se amplíen, y que el libro pueda llegar a todo mundo con la máxima eficacia, porque creo que ésa es la mejor forma de animar y promover la lectura, acercar realmente los libros.
Insisto en que la formación del lector hay que contemplarla como una aventura y una conquista personal, y hay un profesor mexicano que el público se ha encontrado por internet, cuyo título me encanta: El buen lector se hace no nace, y eso es lo que tenemos que entender. Debemos buscar el apoyo, el fomento a ese largo proceso vital y educativo de cada individuo, porque a leer no se aprende sólo en la escuela, el proceso de aprendizaje, el desarrollo lector, acompaña toda la vida al individuo y cada uno que estamos aquí ahora, empezando por mí mismo, estamos ampliando y perfeccionando nuestras capacidades lectoras y escribanas; es decir, cada día enriquecemos nuestras creencias. Yo, ahora mismo, estoy buscando la forma de trasmitirles mejor el mensaje que quiero hacerles llegar, eso me está obligando a mejorar mi mecanismo de escritura, de reflexión y también me obliga a buscar nuevos textos, eso nos acompaña a lo largo de toda nuestra vida. Lo que sí es cierto, es que el periodo escolar que abarca desde los cinco o seis años, hasta los 14, 16 o 18 años, es un ámbito esencial para la asignación de hábitos lectores y escribanos, pero ahí no termina la responsabilidad, sino que hay que llevarla a todo el periplo vital de cada persona.
Hay un libro precioso de Alberto Manguel -a quien mañana van a tener ustedes aquí, también como conferenciante- del que me gusta destacar el siguiente párrafo: "En todas las sociedades en las que se utiliza la escritura, aprender a leer tiene algo de iniciación, de reto que permita al niño superar su estado de dependencia y de iniciación rudimental. Al niño o a la niña que aprende a leer se les hace partícipes de la memoria comunitaria por medio de los libros y de eso modo se familiarizan con un pasado común que renueva, en mayor o menor grado, con cada lectura". ¿Qué ideas son las que podemos sacar de ese texto? Pues que el aprender a leer es un rito de iniciación social, por tanto, hay un carácter social que generaliza el proceso de enseñanza y de aprendizaje lector; tenemos que implicar a toda la sociedad y a todos los elementos sociales y, sobre todo, que el niño o niña, a través de la lectura o a través de los libros, participen también de una memoria comunitaria. Vuelvo a destacar la importancia que tiene para mí la labor de la escuela, aunque, repito, no es el único factor determinante en el éxito de este proceso.
¿Cuál debe ser el papel de la escuela? Me van a disculpar que yo hable exclusivamente de la escuela pero ése es mi trabajo: mi trabajo es formar a los nuevos maestros y de ahí el interés que para mí tiene esa institución en el futuro de la lectura. Como ven, desde mi punto de vista la escuela no sólo tiene que enseñar a leer, sino que tiene que desarrollar una sensibilidad lectora. ¿Y cómo se puede generar esa sensibilidad hacia la lectura, esa lectura sensitiva? A través de los libros o materiales impresos que se pueden utilizar en la escuela. Y de esos materiales lo que tenemos que exigir, es que su uso le suponga a cada niño y a cada niña el mejor esfuerzo a su aprendizaje. No se les olvide nunca que el proceso de aprender a leer y a escribir es muy costoso para el niño, es un ejercicio de alta exigencia intelectual, y que si realizamos ese esfuerzo, tenemos que recibir una cierta gratificación, una cierta recompensa. Una forma de gratificar y recompensar ese esfuerzo es a través de esos libros, de esos materiales impresos y, por lo tanto, tenemos que buscar con ellos esa educación, lograr esa sensibilidad de los neolectores y completar todos esos aspectos sensibles, afectivos del encuentro con el libro; lo que sería, como lo he comentado antes, la lectura sensitiva, en la que hay que cuidar todos esos elementos que rodean al acto de leer, no solamente el libro, sino el tiempo, el lugar, el hecho de la voluntad por elegir un libro, de encontrarse a gusto con él, de verlo, de releerlo, etcétera. Tenemos que fomentar todos esos elementos no verbales o paralingüísticos que rodean también el acto de la lectura. Y otra cosa, fomentar la importancia del acercamiento visual al libro: que el niño se sienta estimulado desde por las ilustraciones hasta por el formato, que sea algo que le está educando en el disfrute del libro, no solamente en el hecho de leer, sino también por querer un objeto bello a su alcance. Todo lo que les acabo de explicar estaría resumido en esta última frase: encausar la interacción personal de cada lector con ese libro o con esos materiales impresos.
¿Y cuál es la labor de los docentes? No sé si la mayoría de ustedes son docentes o son promotores sociales, yo creo que aquí podemos hablar de un promotor adulto, desde el maestro hasta el promotor no docente. Ya antes les comentaba que la lectura y la escritura abarca toda la vida escolar de cada alumno, de cada niño, de cada niña; por lo tanto, enseñar a leer no es una competencia de los maestros de los primeros niveles, sino que también durante los niveles superiores hay que seguir enseñando a leer, hay que seguir enseñando a escribir de acuerdo con el nivel de desarrollo lingüístico de cada uno de esos escolares. El inicio del aprendizaje, la metodología o la no metodología que se utilice, evidentemente es determinante; sin embargo, no hay que perder de vista la importancia que tiene que ese aprendizaje escolar tenga una continuidad, que sea un proceso continuo y que nunca haya fallos en los planteamientos de la lectura. Es necesario que todos los docentes de los distintos niveles educativos tengan una actitud compartida con respecto a los planteamientos de la lectura y de la escritura, es decir, todos los profesores estamos implicados en la enseñanza de la lectura. Ahí como ven, la enseñanza de la lectura abarca a los niños por debajo de los seis años hasta los jóvenes que cursan enseñanza superior, si necesitaran un curso de posgrado, pues también tienes que enseñarles a enfrentarse con unos nuevos textos que les van a exigir a esos alumnos de educación superior, unos determinados niveles de comprensión, de relación, etcétera, y también de expresión escrita, para ordenar adecuadamente sus opiniones con respecto a lo que acaban de leer. Ahí radica la importancia -perdón por la insistencia, pero creo que debemos tener esto muy claro- de que aprender a leer es un proceso continuo y sistemático, y evidentemente habrá que atender la problemática común y específica de cada nivel educativo.
¿Cuales son los recursos que debe utilizar la escuela para formar a sus lectores, a los lectores escolares? Yo creo que las escuelas deben tener un alto grado de exigencia hacia sus docentes y también diría que cualquier promotor adulto debe saber aprovechar las posibilidades que abarca desde el libro impreso tradicional a las posibilidades de las nuevas tecnologías. Que no caigamos en ese estéril debate de que las nuevas tecnologías -si quieren, para concretarlo más, internet-, van a acabar con el libro. Ésa es una auténtica falacia, cada uno tiene sus virtudes y tiene sus valores, lo que tenemos que hacer es saber aprovechar cada uno de estos recursos para los intereses que nosotros tenemos, que es mejorar las capacidades lectoras y escribanas de esos jóvenes lectores.
¿Cuáles son las posibilidades básicas de los materiales impresos que debemos utilizar en la escuela? Muy brevemente voy a destacar la importancia que para mí tienen los libros de carácter instructivo. ¿A qué me refiero con los libros de carácter instructivo? A los tan denotados libros de texto y, sobre todo, a las antologías literarias. Los libros de texto, de cualquier materia, tenemos que adaptarlos a los chicos para que sean capaces de leerlos y desenredar sus mensajes. O sea, no sólo tienen que leer el libro de lenguaje, también tienen que leer adecuadamente el libro de matemáticas, el libro de ciencias, el libro de geografía, pero que lo hagan, como decía antes, a través de una presentación atractiva, que sepan que tienen que desenredar una serie de contenidos para que nunca caigan en la rutina de lo impuesto, de lo aburrido, de lo que para ellos no es motivador.
Segundo tipo de posibilidades en los libros: las posibilidades informativas, que serían los libros de consulta, las enciclopedias hasta los libros de conocimiento, la vida de los animales, etcétera. Las posibilidades recreativas que son, por ejemplo, las biografías o los libros de propuesta gramatical, o los libros para construir algo, libros para las adquisiciones y, evidentemente, el de las posibilidades literarias, la enseñanza o el acercamiento a la literatura. Lo que yo quiero mostrar con esto, es que a una persona no se le hace buen lector utilizando textos literarios, sino cualquier tipo de texto y, dentro de los literarios, a veces confundimos literatura con narrativa. Como se dice con respecto a una frase española que está medio perdida, yo digo que la poesía y el teatro también existen, y que leyendo poesía y leyendo teatro se pueden hacer también magníficos lectores. Un lector no tiene por qué leer sólo cuentos y novelas, sino que tenemos que formarlos también como lectores de poesía y como lectores de textos dramáticos.
Por último, ya para terminar, el papel del profesor. Lo que tenemos que conseguir es que el profesor seduzca a sus alumnos, que los convenza y la mejor formar de seducir y de convencer es a través de ser él un buen ejemplo de lector. ¿Cómo vamos a conseguir que un maestro o que un promotor anime a alguien a leer si él mismo no está animado? ¿Cómo vamos a hacerle ver al niño el encanto de un libro si ese niño o ese joven no ve nunca a su profesor con los libros? Porque primero tiene que mostrar un profesor ese deseo de compartir con su alumnos unos libros que le hayan producido un disfrute. A través de esa idea de compartir un placer, de compartir algo que para nosotros es interesante, nuestros alumnos irán viendo que eso de la lectura realmente es una magia, pero no vamos a hacerlos que lean diciéndoles que tienen que leer por que "leer en mágico". Tenemos que hacerles ver que eso que nosotros queremos conseguir es realmente mágico. Para ello hay que exigirle al profesor que sea lector, que conozca la literatura y que conozca suficientemente todas las posibilidades para la lectura instrumental y la lectura recreativa, que invite al encuentro personal de sus alumnos con el mundo del libro y con el mundo de las bibliotecas, y que sean también profesionales con unos criterios rigurosos en los objetivos formativos-instructivos a lo largo del aprendizaje lector, ya que, evidentemente, sólo las buenas intenciones, la pasión y la afición, no son suficientes.
Para terminar, buscando esa imagen de una niña realmente angelical que está disfrutando con la lectura de un libro, sólo me resta decirles que hay que mejorar la capacitación profesional de los futuros maestros. En mi país actualmente estamos en un proceso de transformación de los estudios universitarios; creo que en este momento de cambio, es cuando tenemos que dedicar la mayor importancia a la formación de los futuros docentes en estos aspectos de la lectura y la escritura dado que, además, los informes de los estudios realizados en torno a este tema ofrecen un panorama realmente desalentador.
Para finalizar mi conferencia, voy a formular una serie de preguntas de muy compleja respuesta. En primer lugar, todos los profesores y los promotores nos tenemos que plantear ¿qué medios son los que nos ofrece la sociedad para conseguir el más efectivo tratamiento escolar de la lectura?, ¿es suficiente la planificación gubernamental de planes de lectura con más o menos cuantiosas sumas económicas? o ¿es que se considera que con dar dinero y hacer responsable al profesor, esa tarea va a tener el éxito deseado? Vaya por delante para cerrar mis palabras, mi creencia de que en los próximos años va a ser posible conseguir esa completa conciencia social sobre la compleja problemática que he tratado de abordar en mi intervención.
No obstante, quiero pedir que se potencien, se mejoren y se amplíen las actividades promotoras de la lectura y de la lectura infantil, pero sin cortar nunca el propio proceso personal de la promoción de lector. Que se implanten de una vez por todas los estímulos sugerentes y eficaces para una crítica orientadora, para el desarrollo de una investigación productiva sobre los temas relacionados con la lectura y también con la literatura infantil, y, sobre todo, para cualquier iniciativa que demuestre cierta efectividad en la mejora del ambiente necesario para la eficaz promoción de la lectura. Que se potencie y se mejore, pero que no se deje después por simple indolencia o insensibilidad.
Y una propuesta final dirigida a todos los adultos implicados en la relación del niño con la lectura y con la literatura: no sólo estamos obligados a animar esa relación, sino que debemos conocer sus fundamentos y el carácter de las creaciones que lleguen al niño. Para conseguirlo, debemos proveernos cada uno de nosotros de los mecanismos críticos necesarios y autoexigirnos la mejora de nuestra personal aportación, a favor de una creencia que espero compartan todos los asistentes: las posibilidades educativas de la lectura y del contagio, a través de ella, del niño y del joven con la literatura.
Muchas gracias.
 
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