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© Philippe Matsas

Eugenia Almeida

ARGENTINA

 

 

Nací en Córdoba, en 1972. Soy licenciada en comunicación social. Trabajé como lavacopas, moza, personal de limpieza, cadete, secretaria, vendedora, artista callejera, profesora particular y recepcionista. A cada uno de esos trabajos fui con mi equipo de supervivencia: una lapicera y un cuaderno. Esas herramientas, hoy, son parte cotidiana de mi trabajo. Escribo, doy clases, reseño libros, hago radio, y coordino talleres de literatura.

En 2005 mi primera novela, El colectivo, ganó el Premio Internacional de Novela Las Dos Orillas organizado por el Salón del Libro Iberoamericano de Gijón (España). Hasta ahora, ha sido publicado en Argentina, España, Grecia, Islandia, Francia, Italia, Portugal y Austria. Mi segunda novela, La pieza del fondo, publicada en Francia y Argentina, fue seleccionada como finalista del Premio Rómulo Gallegos 2011. En 2015 publiqué el libro de poesía La boca de la tormenta. Mi tercera novela, La tensión del umbral, recibió en Francia el Premio Transfuge a la mejor novela hispánica.

En 2019 publiqué, en Ediciones DocumentA/Escénicas, el libro de ensayos sobre la escritura Inundación. El lenguaje secreto del que estamos hechos.

Mi equipo de supervivencia sigue siendo el mismo.

Fragmento de Inundación.
El lenguaje secreto del que estamos hechos

Escribir implica habitar intensamente el tiempo presente. Poner el cuerpo en actitud de completa entrega. ¿Qué la escritura es todo lo contrario? ¿Qué nos saca del aquí y ahora para generar otros mundos posibles? Sí. También. Pero esos mundos no pueden abrirse si antes uno no se concentra en posarse sobre lo que está dado.

Escribir implica un ejercicio de recogimiento, de retiro, el gesto de restarse del mundo. Como un foco de luz que se angosta y, a la vez, se vuelve más potente. Traer hacia uno las redes, replegarse. Habitar el propio cuerpo. De ahí vendrán luego otras coordenadas de tiempo y espacio. Pero el primer paso es indispensable. Retirarse del mundo para crear otros. Replegarse para multiplicar posibilidades, habitarse para descubrir el extrañamiento ante lo desnaturalizado. Quizás suena a una paradoja. Si es así, hay acierto. La paradoja es una herramienta de disolución de la ceguera. Nos recuerda que el mundo es paradójico, que el orden está en nuestros ojos y no afuera, que un orden es intercambiable por cualquier otro, que todo es construido. Lo decía Anaïs Nin: “No vemos las cosas como son, las vemos como somos.”

 



Tomado de:
Almeida, Eugenia (2019) Inundación.
El lenguaje secreto del que estamos hechos.
Argentina: Ediciones DocumentA/Escénicas