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© Lorena Palavecino

 

Carla Guelfenbein

CHILE

 

 

Mi nombre es Carla Guelfenbein, escritora chilena. A los 17 años salí con mi familia de Chile huyendo de la dictadura de Pinochet hacia Inglaterra. Viví diez años en ese país. Fui testigo y partícipe del movimiento punk y de los primeros movimientos sociales en contra de la energía nuclear y el desarrollo indiscriminado de la industria. Estudié biología en la Universidad de Essex. Quería saber por qué el mundo había llegado a ser lo que es hoy, por qué los seres vivos tomaron la forma con la cual los reconocemos como tales. Por eso me especialicé en genética de población.

Al cabo de un tiempo de haberme recibido decidí estudiar diseño gráfico en Central San Martin School of art. Quería hacer libros que explicaran los procesos biológicos y conjugar en esa carrera mis tres pasiones: la escritura, la ciencia y la expresión visual. Fue así como, con el tiempo, terminé dedicándome exclusivamente a la escritura. Publiqué mi primera novela en el año 2002, El revés del alma, cuyo personaje principal es una actriz bulímica. Luego vino La mujer de mi vida, una novela que cuenta la historia de un inglés que conoce en la universidad a dos misteriosos chilenos, una chica y un chico con quienes establece una profunda y ambigua relación. Luego vino El resto es silencio, Nadar desnudas, Contigo en la distancia
–ganadora del Premio Alfaguara de novela– Llévame al cielo, una novela para jóvenes adultos, y La estación de las mujeres, mi más reciente novela, en cuyo centro está Gabriela Mistral, la poeta chilena galardonada con el Premio Nobel.


Fragmento de La estación de las mujeres

Vuelvo a sentarme. Esta vez consciente de ocultar con mis nalgas la reveladora frase de Holzer. No vaya a ocurrir que a otro ser viviente se le antoje hacer lo mismo, empujar sus límites, y que los suyos y los míos colisionen en el más allá, destruyéndose unos a otros sin piedad, como suele ocurrir  cuando  dos  seres  aspiran  a  alcanzar la misma constelación. Pero, ¿cuáles son las  probabilidades  de  que una exprofesora de primaria, arrastrada a Nueva York por su marido —y de quien desconfía al punto de permanecer sentada por horas frente a las puertas de la universidad donde él trabaja con el fin de atraparlo, además de pasarse el día sumida en cavilaciones inconducentes— se empuje a sí misma hasta los límites?

Pienso en todas las mujeres que aguardan quietas en la penumbra.

Esperar es una forma de desaparecer, sobre todo cuando lo que aguardas, con una mezcla de masoquismo y de perversión, es ver a tu marido con una chica prendida del brazo.



Guelfenbein, Carla (2019) La estación de las mujeres.
Chile: Alfaguara