Regresar a índice

 

Responsive image

© Eduardo Rubín

Hernán Vera Álvarez

ARGENTINA

 

 

Nací en Buenos Aires, en 1977. A veces firmo con mi nom- bre completo y otras simplemente como Vera. Me gusta esa dualidad, me divierte. Publiqué los libros de relatos Una extraña felicidad (llamada América) (2014) y Grand Nocturno (2015), la novela La librería del mal salvaje (2018); uno de poesía, Los románticos eléctricos (2019), otro de cómics, La gente no puede vivir sin problemas (2008), una antología de ficción, Viaje One Way (2014) y otra de crónicas y ensayos personales, Miami (Un)plugged (2016).

Entrevisté a Adolfo Bioy Casares, Carlos Santana, Ingrid Betancourt, Gyula Kosice, Sergio Ramírez, Maná, Gustavo Santaolalla, Gustavo Cerati, entre otros. Desde  el año 2000 resido en Estados Unidos, de los cuales ocho estuve como ilegal y trabajé en un astillero, en la cocina de un cabaret, en algunas discotecas, en la construcción. Vivo en la ciudad de Miami. Doy talleres de escritura creativa y enseño en Florida International University. Mi padre es médico cirujano y mi madre bioquímica. En casa siempre se hablaba de la muerte.

Fragmento de El orden de las cosas

Una biblioteca es una autobiografía. En este caso, los libros que vendemos tienen la dictadura del mer- cado –top ten de best sellers–, pero a la vez, la libertad del gusto del lector que está a un lado de los “más vendidos” y busca ese autor que permanece en el tiempo pese a las modas, las malas traducciones y el rencor de los colegas.
Pienso en Thomas Mann y aquello de que una ciudad es una obra colectiva. Esta librería también lo es.

Recuerdo

Recuerdo que la librería abre de 10 de la mañana a 10 de la noche, todos los días, salvo los domingos, que es de 12 del mediodía a 8 de la noche.
Recuerdo que la frase-mantra es: “si necesita algo, estamos aquí para ayudarlo”. Recuerdo que detesto a la mayoría de los editores y escritores que viven en esta ciudad.
Recuerdo que hay que apretar F12 en la computadora cada vez que un cliente hace una compra y F5 cuan- do usa la tarjeta de crédito.
Recuerdo que no hay que mostrar mucha alegría.
Recuerdo que los libros que jamás llevaría a mi biblioteca son los más vendidos.
Recuerdo que hay que apagar el aire acondicionado (y las computadoras) a la hora de cerrar. Recuerdo que debo recomendar “las novedades”.
Recuerdo que los dueños de la librería son los hermanos Daranas.
Recuerdo que uno se llama Montiel, el más gordo y con una sonrisa irónica; y el otro, Reinaldo Abel. Recuerdo que cuando no hay clientes debo hacerme el que trabajo y simular que acomodo los libros. Recuerdo que El Principito y Mafalda son nuestros long sellers.
Recuerdo que los lunes y miércoles son mis días off. Recuerdo que pagan cada quincena.
Recuerdo que esas fechas son las más felices del mes.

Danza negra

Es como un tsunami que arrastra un vaho insoportable. Lo riega aquí y allá. No hay horarios ni días fijos: lo suyo es un compromiso de libertad.
La homeless afroamericana deambula con sus rollers por la librería bailando una danza narcótica, con música que sólo ella escucha. Un ademán y agarra un libro sin mirarlo para luego colocarlo con elegancia en el mismo estante.
Al irse, los que están en la librería se miran con la certeza de haber sido testigos de un hecho maravilloso y desconcertante.

Tomado de: Vera. (2018) La librería del mal salvaje.
Estados Unidos: SED ediciones