Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances
Rubem Fonseca
Discurso
Agradezco las palabras amables de los oradores que me antecedieron y quiero decirles realmente que me siento muy honrado por recibir el Premio Juan Rulfo, honrado y feliz, porque este premio está siendo conferido en México, un país por el cual siento una gran admiración y donde tengo grandes amigos, y, sobre todo, porque el Premio me fue entregado por mi amigo Gabriel García Márquez.
Gabriel García Márquez cuenta que tiempos atrás estaba en su casa cuando Álvaro Mutis apareció, le dio un libro y le dijo: "Lea para que aprenda". Este libro era Pedro Páramo de Juan Rulfo. Gabo nos cuenta que pasó la noche leyendo y releyendo su libro de Rulfo; que nunca había sentido una conmoción tan grande como aquella, desde que leyó La Metamorfosis, de Kafka, en una lúgubre pensión de estudiantes en Bogotá. "Y este asombro", dijo Gabo recientemente, "este asombro permaneció intacto".
Yo leí Pedro Páramo y El llano en llamas por primera vez en una traducción para el portugués y sentí el mismo impacto que Gabo sintió, me quedé impresionado con la riqueza polisémica de los textos de Rulfo, que pueden, que fuerzan, que exigen que el lector participe creativamente.
Carlos Fuentes dice que con Pedro Páramo, Juan Rulfo aseveró que toda gran visión de la realidad es un producto de la imaginación.
En mayo de 1993, yo estuve aquí, en este bello país, en la ciudad de México, participando en un homenaje a Juan Rulfo. En aquella ocasión recibí de regalo una foto de Rulfo, una foto grabada en metal que yo coloqué en mi estante de libros, donde la veo constantemente. Mas Rulfo no está reposando al lado de hileras de libros; nos continuamos debatiendo, porque Rulfo será siempre algo para enseñar a nosotros, sus colegas de oficio.