Premios y homenajes

Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances

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2009

Rafael Cadenas

(Venezuela, 1930)


Discurso

A mí me gusta pasar inadvertido, pero esta vez creo que no pude lograrlo, de nuevo debo decir gracias, la palabra que más he usado últimamente, es hermosa, entraña reconocimiento, gratitud y hasta obligación, como se percibe sobre todo en el idioma portugués.

Ahora tendré que decirla aún más en este querido país, con el que Venezuela tiene agradecimientos imborrables, entre ellos, por ejemplo, la acogida que le dio siempre a sus desterrados o trasterrados, su soporte en libro que abarcan todos los campos de la cultura, y en lo literario todo cuanto le debe a sus escritores y poetas, también a sus traductores. Adolfo Castañón ha escrito un ensayo, Los días y los diálogos de Venezuela en México, sobre los vínculos entre los dos países, es un recuento sorprendente por lo mucho que revela; a mí me dio a conocer y me hizo recordar hechos que debemos proteger del olvido.

Como la distinción que el destino tuvo a bien depararme viene por poesía, deseo decir algo sobre ella, y que se me perdone que sean demasiado sabidas: pienso que siempre ha sido el arte que cuenta menos si se piensa cuantitativamente, pero más en la dimensión onda del sentir; y es posible que este sea su sino, aunque desde hace algunos años han aparecido formas de difusión que contribuyen a ensanchar su territorio: lecturas públicas, festivales que cada vez se extienden más, concursos que desembocan en publicaciones, ferias de libros –como esta-, conferencias, talleres, conversatorios, grabaciones, videos, Internet, forman parte del mundo actual.

El profesor Douglas Dunn dice que la poesía siempre ha sido y sigue siendo un fenómeno internacional, pero creo que hoy ese rasgo se ha incrementado, y ello ocurre cuando la poesía se ha tornado más exigente. No es ya lo que se entendía por tal hasta los años del simbolismo y del modernismo hispanoamericano que todavía conservaban los componentes heredados, aunque modificándolos sin mayor exceso; desde comienzos del siglo XX aparecen los movimientos propiamente modernos, los cuales traen más que la transformación, se puede decir que la desplazan y la sustituyen por lo que hoy hacen los poetas.

También las otras artes dejaron de ser las mismas, los moldes que habían durado siglos ahora están rotos, desaparecieron los modos tradicionales, lo que ha obligado a buscar otros para llenar el vacío que dejó aquella devastación. Ya no hay las estrofas que conocíamos, pero el poeta tiene la libertad de disponer los versos como lo desee, el espacio pasa a ser significante, la puntuación se quita o se emplea de manera inusual, cada verso puede iniciarse con mayúscula o no; como el ritmo es imprescindible –hasta al hablar lo tenemos- se torna dominante: “la poesía, el baile del habla”, decía el gran Alfonso Reyes.

El poema permite términos antes inadmisibles: se amplía, se prosifica, en él pueden no entrar palabras poéticas, pero sin ellas estar ahí la poesía. Se entroniza el poema en prosa venido sobre todo de Francia, pierde terreno la metáfora, la expresión tiende a hacerse directa, se encuentra lejos de aquello que según Ortega y Gasset caracteriza la poesía, es decir, eludir el nombre cotidiano de las cosas para que nos ponga ante el dorso nunca visto del objeto de siempre; llamar cítaras de plumas a los pájaros es sin duda bello, pero no se escribiría algo así en nuestro tiempo, la tendencia va en sentido contrario.

Ha ido surgiendo una preceptiva esta vez procedente de los poetas, ellos han ido formulándola, pero dudo que un libro pueda recogerla toda, sin embargo, Jaime Siles, por ejemplo, señala como uno de los rasgos de la poesía en nuestra lengua, la vuelta a la metáfora, a la métrica, a la rima y la estrofa, en el libro La poesía nueva en el mundo hispano. ¿Será realmente así? Es una pregunta que no dejo de hacerme. El poeta ya no cuenta, pues con los asideros formales que le servían de apoyo: debe crear cada vez la forma del poema o ella va surgiendo, cada poema se parece a una invención.

En lo tocante al sentido de la poesía, a lo que ella debe ser -para no distraerme en lo de qué es poesía, una pregunta que nadie puede contestar-, creo que se le exige demasiado. Oigamos a un poeta que admiro Czeslaw Milosz poeta polaco: “Tú, a quien no pude salvar, /escúchame. /Comprende mi hablar sencillo porque me avergonzaría el otro/. No hay en mí, lo juro, la hechicería de las palabras. /Te hablo silencioso como una nube o un árbol. / (…) ¿Qué es la poesía si no salva /naciones ni hombres? /Complicidad de mentiras oficiales, /canción de lo ebrios antes de caer degollados, /lectura de una quinceañera”.

Como vemos se trata de una misión ética; recuerdo que hace años en una lectura alguien me preguntó si la poesía podía salvar a la humanidad, contesté que esa era una pregunta desmesurada, como para hacérsela a dios o, bajando de la escala, a Aristóteles, y que más bien la cultura, pero con apertura al misterio -esto lo dije de manera vacilante-, podría contrarrestar la pesadilla de la historia. La frase es de James Joyce, quien trataba de despertar para recuperase, pero no hay a dónde ir, vivimos dentro de la historia que es el ámbito donde se despliega a sus anchas la locura humana, la que se tiene por normal, la del ego inflado que es el personaje tras las desventuras actuales. Por eso he dicho en alguna ocasión que el historiador se parece mucho al psiquiatra. No sé por qué no se quiere ver lo que para mí es evidente, de ahí tal vez que a la psicología no se le permita entrar al teatro político.

Siento que la poesía está dentro y fuera de la historia, se sitúa más allá de todo confinamiento ideológico, rechaza los fanatismos, ama la justica, pero quiere que no socave la libertad. Por su talante cordial está reñida con todo tipo de violencia, ya la épica no la seduce porque dejó de ser ingenua, hoy sabe lo que mueve a los héroes, sabe que ellos no desean verse, sabe que ignoran su sombra, pero estas son sutilezas para nuestro mundo.

Voy a terminar con una exhortación o cantilena, más bien, pues la repito cada vez que voy a algún país de Hispanoamérica: cuiden su democracia, aunque sea deficiente, casi nunca es cabal. Así evitarán que algún caudillo de nuevo cuño llegue al poder, la destruya y se erija en dictador. La democracia es mejorable, la dictadura no; aquella educa, esta castra, tengámoslo presente. Pero urge atender lo social, y debe haber por parte del Estado el propósito de no incurrir en nuestra omisión, me refiero a que en Venezuela hubo práctica democrática, pero no una pedagogía democrática, las cuestionas básicas que son su soporte. Este es el recado que les dejo, no lo llamo mensaje porque es una palabra muy pretenciosa.

Muchas gracias.