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Prensa

 

Guadalajara, Jalisco, a 27 de noviembre de 2023

“Escriban sin pensar en nadie”: Coral Bracho

La ganadora del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2023 tuvo un encuentro como parte del ciclo “Mil jóvenes con…”

 

Coral Bracho quiso dedicarse a la ciencia, antes que a la escritura; saber pintar, antes que hilar poesía. En realidad, confesó con una calma que apaciguó la inquietud de los jóvenes que se disputaban el micrófono, nunca imaginó ser escritora y poeta, tampoco pensó en estar frente a mil miradas centelleantes y energéticas. Y, sin embargo, pasó: la poeta mexicana, ganadora este año del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, asistió a su cita con el ciclo “Mil jóvenes con…” en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Jorge Ortega abrió la charla preguntándole a Bracho cuál era el inicio de su poesía, y ella le contestó que todo comenzó con la fascinación que experimentó cuando su madre le enseñó a leer; después fueron los cantos populares que se entonaban por las calles de Zacatecas, y el sonido de las palabras que la hacía escuchar una maestra en Inglaterra, cuando tenía doce años. “La poesía es una conjunción de palabras, sonidos e imágenes”, contó.

“Lees algo y lo vuelves a leer, a escribir”, expresó Bracho con un timbre de voz melódico que podría replicar la sonoridad de las enseñanzas de su maestra. “La poesía de Coral es misteriosa y pueril, a veces, fecundada por lo que acontece en la vida; otras, por la figuración, por lo que puede ser creado. Su poesía es un microcosmos”, aseguró Ortega.

“¿Existe una rutina de escritura?”, preguntó un estudiante. Coral Bracho negó con soltura y respondió: “No todos los poetas son ordenados, y el poema tampoco es una decisión”. “Coral, ¿es necesario editar el poema o es mejor dejarlo a flor de piel?”, le interrogó otra estudiante  luego de prácticamente arrebatar el micrófono. “No todos los poemas se escriben de una manera; yo escribo hasta que algo me detenga”.

Las preguntas seguían. “¿Qué sucede cuando el miedo paraliza un proceso de escritura?”, “¿Qué hacer cuando se es tan joven y se tienen tantos miedos por delante?”. Coral no titubeó ni un segundo: “Escriban sin pensar en nadie, díganlo como ustedes quieran decirlo; lean mucha poesía para saber qué pueden mejorar en sus poemas”. De repente, un joven se irguió con aire altivo y demandó el micrófono: “¿Cuál es el problema de escribir?”. La poeta le sonrió: “La escritura tiene matices y claroscuros, pero no problemas”.  

La poeta también compartió con los jóvenes que no pensó en escribir un libro cohesionado de poesía, sino que escribió poemas de lo que, tal vez, quería decir. “Cuando mi madre tuvo Alzheimer perdió todas las clasificaciones”, compartió como si lo que acababa de contar no fuese, para quienes aman la poesía, un reflejo inmediato de su sensibilidad, de su nervatura poética. ¿Y qué significa perder las clasificaciones de la vida? Para su madre, dijo, representó la rigidez estructural del padecimiento, para Coral fue transmutar el dolor en algo que no terminara por destruir el cuarto: todo lo que decimos afecta al cuarto, nuestro pequeño mundo.

La charla concluyó cuando Ortega le pidió a Coral leer unos de sus poemas, los jóvenes ya habían desistido en su lucha por ganar la palabra, el tiempo estaba encima. Coral leyó a fuego lento sus versos, y el público aplaudió de la única manera que podía hacerse: con efusividad.

 

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Mariño González, coordinadora general de Prensa y Difusión, al teléfono (+52) 33 3810 0331, ext. 950