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Prensa

 

Guadalajara, Jalisco, a 06 de diciembre de 2025

La literatura es un acto de imaginación radical: Chimamanda Ngozi Adichie

La querida escritora, quien también es referente feminista, no tuvo problemas para cautivar al público en su segunda visita a la FIL

 

En la inauguración de la Feria Internacional del Libro se había anunciado que, por causas de salud, la participación de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie se cancelaba. Pero pronto las estrellas se alinearon (además de unos aspectos logísticos) y la autora pudo confirmar su presencia en la charla titulada "La verdad de las historias", en la que dedicó la mitad del tiempo a responder preguntas del público.

El auditorio Juan Rulfo, que ha tenido una racha de llenos hasta niveles máximos en los últimos días, volvió a tener todas sus sillas ocupadas. Marisol Schulz Manaut, directora de la FIL, dedicó unas breves, pero contundentes palabras antes de comenzar, celebrando la presencia de la escritora de Todos deberíamos ser feministas. Recordó la primera vez que leyó su Americanah, en la que descubrió una literatura que no la ha abandonado. "Abran bien los oídos y el corazón", recomendó a los asistentes, y agradeció también a la editorial Penguin Random House, por su cooperación para hacer posible la ocasión.

Chimamanda entró al recinto enfundada en un llameante vestido naranja que hacía juego con sus uñas, la sombra de sus ojos y hasta unos rayos en su cabello, acentuado gracias a unos zapatos blancos con chispas de colores. Un aplauso caluroso la recibió de inmediato y con una gran sonrisa tomó su lugar detrás del micrófono. "Hola", saludó en español, y en un inglés muy claro habló de cuando estuvo en la FIL hace 19 años (2006, para el extinto programa Páginas del Mundo, junto con André Brink, de Sudáfrica, y Etgar Keret, de Israel). Avisó que leería un fragmento de su TED Talk de 2009, "El peligro de la única historia" (“The Danger of a Single Story”), en la que aparece Guadalajara. En ella, comparte que en su primera visita a la ciudad llegó con prejuicios aprendidos por la narrativa que en Estados Unidos se compartía sobre México en general: un lugar muy peligroso, que invade a su vecino del norte para quitarle lugar a sus ciudadanos. Pero al conocer a la gente de cerca, se dio cuenta de que la historia que le habían contado era la equivocada.

"Me sentí avergonzada. Pero sentir vergüenza también es una oportunidad para cambiar". Adichie creció en la ciudad universitaria de Nigeria donde sus padres trabajaron, así que no estaba en contacto con el mundo fuera de ahí, sin problemas de abastecimiento de agua, luz eléctrica o espacios de juego. Pero cuando lo hizo por primera vez, no lo olvidó. "Vi mucha gente, ruido, caos y sentí mucha melancolía porque supe que estaba viendo historias, muchas de las cuales no sería capaz de contarlas", aunque las que han poblado sus libros la han conmovido e informado.

"La literatura nos ayuda a ver y a ser vistos". No se trata de convertirte en alguien más, explicó, sino que, en un acto de imaginación radical, el lector vea el mundo desde otros ojos. Ya que creció en una familia católica, de pequeña le contaron el misterio de la Santísima Trinidad. Se sintió confundida y al mismo tiempo le pareció hermosa la idea de que fuera posible la unidad y la diversidad. "Que tres personas muy diferentes puedan ser iguales, formando un solo dios". Eso le ayudó a explicar por qué todas las identidades importan, porque en contextos más reales se convierten o en una ventaja o un obstáculo. Un hombre blanco de bajos recursos, aunque tenga el conocimiento, no es contratado en un empleo por la forma en que habla; una mujer negra tampoco porque su cabello se considera poco profesional, y una mujer lesbiana pierde la oportunidad porque su estilo de vida no se considera ejemplar. En todos, la identidad jugó en contra. Por eso las historias importan, "sobre todo a quienes no están al centro. No por ideología, sino por la verdad y la humanidad", y señaló que esas historias no pueden ser únicamente sobre lo que esos personajes necesitan, sino de lo que aman, aspiran o les hace reír. "El lenguaje dedicado a los migrantes en Estados Unidos y Europa es horrendo", sentenció, "y lo que escuchamos de la gente puede formar lo que pensamos de ella". Chimamanda agregó: “La literatura es como mi religión. No siempre nos hace empáticos, pero puede lograrlo". Y deseó que las personas aprovechen el tiempo para conocer las experiencias de los demás, que podamos "vernos uno al otro, intentando, esforzándonos, juntos".

 

 

La segunda mitad del encuentro se dedicó a responder preguntas del público, todas de mujeres, y antes que nada quiso poner algo sobre la mesa: "He sido feminista desde que tuve la edad suficiente para pensar, aunque en ese entonces no conocía la palabra", dijo, sin embargo no le gusta "que le digan escritora feminista, sino que soy una escritora que también es feminista", por la corrección ideológica que se espera de ella. "Así no es la vida, y así no debe ser la literatura".

Su pregunta favorita fue la que le hicieron sobre su atuendo. En una reunión que había tenido con la prensa unas horas antes, comentó que estaba en contra de quienes pensaban que una persona que se interesaba en la moda se le considerara frívola. Además, como subrayó en el auditorio Juan Rulfo, "como nigeriana, el color es parte de lo que hacemos. Y no pensé que fuera importante hasta que fui a Estados Unidos. La vida es corta", expresó, "añadan color". Ante el tema de la polarización, invitó a la gente a que evite participar en discusiones que buscan dividir. Cuando una asistente le preguntó si era posible tener manifestaciones feministas "sin tanta violencia" y con más respeto hacia los hombres, la escritora fue contundente: "Es difícil, porque los hombres nunca han tenido el mismo respeto a las mujeres", frase que desató aplausos en los presentes, pero no dudó en añadir que no se trata de odiar a los hombres "porque ellos la están pasando mal también. Deben ser parte de la conversación del feminismo", y es buena idea darle espacio no solo a las víctimas, también a los perpetradores.

Cerró con un mensaje que una asistente le pidió para las niñas de las comunidades afrodescendientes mexicanas, que hace poco fueron reconocidas en nuestro país. "Dejaron la mejor pregunta al final", acotó con una enorme sonrisa, y declaró: "Todos [los seres humanos] venimos de África, pero aquellos que son más recientes, lo que les diría es que no deben pedir permiso o perdón por tomar espacio, porque les pertenece. La marginalización es un problema de quien lo aplica, no de quien lo sufre".

 

Para más información contacte a:

Mariño González, coordinadora general de Prensa y Difusión, al teléfono (+52) 33 3810 0331, ext. 950