Nació en Costa Rica, en 1970. Toda su infancia y adolescencia estudió en el Liceo Franco, cantando “La Marsellesa” bajo el sol tropical. En la universidad entró a comunicación, porque no sabía qué hacer con “ese gran talento”, del que tampoco había constancia alguna. Sin buscarlo, ganó una beca para estudiar guion en la Escuela Internacional de Cine, de Cuba. Y al fin sucedió: cuajó su vocación de cuentahistorias. A su regreso de la isla, publicó Largo domingo cubano, donde confluyen la escritora y la periodista.
Con 28 años, emigró a Madrid, donde trabajó como guionista de teleseries y cine. Por esa época, terminó y publicó su primera novela, Marzo todopoderoso, libro que quienes no lo amaron, lo odiaron, pero que no dejó indiferente a nadie. Su vocación se ha desempeñado en muchos terrenos: artículos, conferencias, piezas de teatro, y su gran pasión: la docencia. Desde esa época es profesora de los Talleres Fuentetaja (Madrid), de guion y narrativa.
Como si cada siete años hubiera que salir huyendo, en 2005 se fue a internar en las montañas de Galicia, en busca del espacio/tiempo para dedicarse a su llamado más tenaz: la narrativa. Metida en el monte ganó una ayuda para la escritura del largometraje Maybe Managua, guion que se escribió y que aún no se ha rodado. En ese periodo se trasladó unos meses a M…, el pueblo gallego donde entrevistó a una mujer esquizofrénica, la protagonista de Eloísa vertical.
En 2012 regresó a Costa Rica. Incapaz ya de vivir en una ciudad, se instaló a orillas del Caribe. Ahí, frente a un ventilador frenético, fue su época más prolífica. Terminó de pulir y publicar Tiembla, memoria, una novela íntima, y convirtió el guion de Maybe Managua en la novela homónima que terminaría alzándose con el Premio Nacional de Novela 2018. En 2019 escribió y publicó la pieza de teatro Dulcinea Herstoria, estudio en clave de comedia de El Quijote. La obra se montó en el Teatro Nacional de San José. Con Eloísa vertical, publicada por Los Tres Editores, la autora volvió a sus orígenes, afirmó, su escritura primigenia; esa que, con solapado candor, llamamos de no ficción.
Otras actividades en las que participa:
Nombrar a Centroamérica porque Centroamérica Cuenta
Latinoamérica Viva