La migración es una actividad humana que ha estado presente desde el inicio de nuestra historia. En nuestra cualidad de seres en constante búsqueda del horizonte conquistamos nuevos continentes, emprendimos travesías contra la marea y lo desconocido. En nuestro presente, decenas de miles de años después, esto no ha cambiado: se estima que en el presente existen alrededor de 281 millones de migrantes internacionales. En el mundo moderno, el fenómeno migratorio se ha complejizado, entrando en juego las distintas regulaciones estatales y actitudes frente a la migración, así como los conflictos socioeconómicos y la disparidad global, que hacen de la migración un asunto de permanente relevancia. En la actualidad, todas las regiones del mundo experimentan un crecimiento en el número de migrantes internacionales.
En cada viaje, las personas llevan consigo el legado de sus culturas, sus costumbres, su lengua y sus ideas. Así, la transculturización se ha convertido en un signo de la modernidad, que no podría entenderse sin esta interacción de identidades y sus expresiones. Cada vez más voces buscan poner atención sobre este elemento de la migración, en ocasiones obviado a menester de los discursos económicos y políticos que dominan las discusiones. ¿Cómo se transforman culturalmente las sociedades protagonistas del fenómeno migratorio contemporáneo? y ¿cómo debería considerarse este elemento a la hora de abordar la migración?