(Rumania, 1957)
Soy una escritora rumana, y provengo de una literatura situada en la encrucijada de varios mundos: balcánica, de Europa del Este, latina por su lengua y no lejos de las puertas de Oriente. Cuando escribo sobre mí, sobre mis hombros descansan muchas herencias, y el impulso del viaje es uno de los más fuertes.
En mi sangre se mezclan numerosos linajes: guerreros, ladrones de caballos, pequeños comerciantes y varias generaciones de intelectuales. Por eso adoro el arte de narrar, las construcciones épicas sólidas, los desenlaces elaborados en cascada y sigo creyendo, sin vacilar, en el poder de la emoción.
Mi gran pasión es la pequeña historia. Leo con verdadero placer informes de cancillería, contratos, listas de objetos perdidos, robados, heredados o regalados. Son noticias y hechos vivos que asimilo de manera íntima. Mi literatura nace de un imaginario surgido de hechos menores. No importa si pertenecen al presente o a siglos remotos.
Mis personajes son como yo: un sastre del siglo XVIII, imaginativo y apasionado por los perfumes, que atraviesa el imperio otomano para cumplir sus sueños; una mujer de nuestros días que descubre que amar significa averiguar quién eres. La diversidad es para mí un principio esencial: temas diferentes, estilos variados, héroes lo más distintos posible entre sí.
Me formé como profesora de historia de la cultura y he vivido entre libros, archivos, estudiantes e historias. Pero en los cimientos de mi ser se encuentran la orfandad, el asesinato de mi padre y la lucha por la supervivencia. Atrapada entre dos mundos —el comunista y el actual—, me preocupan la continuidad, las repeticiones de la historia y las pequeñas estructuras inmutables de la mentalidad colectiva.
De ahí surge mi tipo de imaginario. Cuando escribo, lo real se abre a menudo hacia lo fantástico, y los personajes llevan en sí los ecos de una comunidad. Me interesan la culpa, la libertad, la supervivencia, la seducción del mal, pero también la fuerza frágil de quienes resisten.
Para mí, el encuentro con los lectores del mundo hispánico es muy importante. La lengua española posee una energía narrativa especial, una profunda afinidad con la oralidad, la fabulación y la memoria viva. Por eso, participar en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara significa mucho más que una presencia literaria: es un encuentro con una sensibilidad que amo, con un mundo de lectores familiarizados con el poder fabulador de la literatura.
Creo que la literatura en traducción conserva su esencia cuando consigue vivir empáticamente en otra lengua sin perder sus raíces. Vengo de Rumania y escribo en una lengua latina, traigo conmigo la experiencia de una escritora de los márgenes de la latinidad.
*La escritora Doina Ru537;ti cuenta con tres obras traducidas al español, respectivamente: Eliza a los once años (título en rumano: Lizoanca la 11 ani), traducción de Oana Ursache y Enrique Nogueras, Traspiés, 2014; Zogru. Aventuras de un espíritu rumano (título en rumano: Zogru), traducción de Sebastián Teillier, Descontexto Editores, Santiago de Chile, 2018; y La gata del viernes (título en rumano: Mâ539;a Vinerii), traducción de Enrique Nogueras, Esdrújula Ediciones, 2019.
Otras actividades en las que participa:
Festival de las Letras Europeas